La Rabia como Brújula: Del síntoma a la Liberación
Partimos de la base de que el patriarcado produce mucha rabia. Esta no es una reacción desmedida, sino una respuesta lógica ante la impotencia que este sistema genera. Dentro de la propuesta del Centro de Terapia de Casa Mundanas, entender esto, es un acto de justicia básica. No se trata de un desajuste individual, sino de una respuesta colectiva ante la injusticia, la violencia y la impotencia.
En un proceso de Terapia Feminista Situada (TFS), la variable histórica y política en tanto contexto y biografía de cada mujer, es muy relevante de revisar, pues permite situar la emoción: es necesario recuperar la historia, cuestionar el miedo que podemos tenerle a la rabia y distinguir que la rabia no es agresión; la rabia es emoción y la agresión es una conducta.
A las mujeres se nos enseña que es más “femenino” sentir pena que rabia. La mujer que “no parece rabiosa” es premiada por la aceptación social, mientras que una mujer sienta y exprese su rabia, es moralmente descalificado. Pero si la pena ocupa el lugar de la rabia, nos des-energiza y nos mantiene en la victimización, perpetuando un lugar pasivo respecto de nuestros límites.
En la terapia, es preciso hacer un trabajo para reconocer los introyectos, mandatos y/o creencias que tenemos sobre la rabia. Aquello que hemos escuchado desde niñas; lo que se nos ha transmitido desde las distintas instituciones tales como familia y escuela, y que está arraigado en nuestro sistema de creencias, en nuestros comportamientos y expresión emocional.. Todas estas ideas de que “está mal sentir rabia”, “no me puedo ver rabiosa”, “tengo que sonreír siempre”, “mejor no alzar la voz”, es preciso identificarlas, para luego ponerlas en cuestión desde una mirada crítica y feminista, y así transformarlas a favor de nuestro bienestar.
Por otro lado, al indagar en la genealogía histórica que tenemos como mujeres y en las memorias de nuestras madres y abuelas, la rabia deja de ser un peso individual para transformarse en una comprensión estructural y política. Situar la herida, sentirla en el cuerpo y darle palabras es, en última instancia, el camino para transformar la rabia en una herramienta de liberación y justicia.
Otro aspecto importante para considerar, es que al expresar nuestra rabia podamos dirigirla de una manera consciente, es decir, con discernimiento. Y así, cuidar no caer en la “hostilidad horizontal” con lesbianas y mujeres, porque sabemos que es un lugar más seguro para expresarla. Julia Penelope profundiza y advierte que la hostilidad horizontal funcionaría así para garantizar la continua victimización dentro de nuestros propios grupos, manteniendonos silenciadas cuando la mayoría queremos hablar; nos mantienen pasivas cuando queremos desafiar, porque no queremos ser el objetivo de la rabia de otra Lesbiana. El espacio de la terapia puede fortalecer el ejercicio de conciencia para dirigir nuestra rabia a objetivos más apropiados, como pueden ser sistemas, creencias, dogmas e instituciones en lugar de mujeres.
Cuando la rabia se silencia por miedo al juicio, se vuelve síntoma o se vuelca hacia adentro, provocando confusión y desconexión profunda con el cuerpo y su emocionalidad. Muchas mujeres que llegan a terapia reconocen no sentir rabia, o bien, sentir una rabia desregulada, y en ambos casos se experimenta como ajeno e incómodo. Por eso, el proceso terapéutico invita a volver al cuerpo y para facilitar esta identificación y conexión, nos planteamos preguntas claves: ¿Qué me da rabia? ¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando la siento? ¿Qué hago y qué me gustaría hacer con ella? ¿Qué cosas me ayudan a autorregularme cuando deseo salir de esa emoción?
Escuchar y reconocer estas señales es lo que permite desbloquear la energía muscular, ya que la contención de la rabia aprieta y tensa, bloqueando el goce y el placer. Desde la terapia feminista situada, buscamos desbloquear la rabia tambíen desde el cuerpo y sus músculos, pues esta nos conecta con la fuerza y la energía necesaria para poner límites y protegernos. Al movilizar la energía y soltar las tensiones, se abre el camino hacia la energía vital, el goce y el placer.
Finalmente, la apuesta de la TFS es que las mujeres podamos elaborar nuestras historias de vida y dar legitimidad a esta emoción. La terapia cobra su valor político en la medida que posibilita expresar la rabia desde la responsabilidad, y no desde la hostilidad o miedo al castigo social, sino como un ejercicio de autonomía y justicia. A través de la independencia simbólica y material de estructuras opresivas, se puede dar espacio a una subjetividad femenina libre. Para eso, el uso de recursos narrativos, creativos, de trabajo corporal y personal, como el arteterapia, la biodanza, el teatro terapéutico, la sanación con plantas, permiten que la rabia se organice y se transforme en acción.