TRAER EL CUERPO A LA TERAPIA

TRAER EL CUERPO A LA TERAPIA

Zicri Orellana Rojas

Identifico 3 cuerpos en la terapia situada feminista: el cuerpo de la terapeuta, el cuerpo de la consultante y el cuerpo de pensamiento en el cual ocurre la terapia.

Sobre el primero, el cuerpo de la terapeuta, les puedo contar que, en mi experiencia de vida, vine a darme cuenta que tenía un cuerpo bastante grande, posterior a mi paso por la universidad. Fue en biodanza. Una amiga con la que hablábamos de feminismo en los 90, me pasó el dato, me dijo que fuera a una clase que hacía otra amiga, una feminista ochentera como se describe ella misma, en Concepción. Carmen Durán. En ese espacio, es la primera vez que hablé y habité el cuerpo conscientemente. En una instancia de reapropiación de mi cuerpo, que me permitió re-conectar, reparar y sentir conscientemente mi cuerpo. Fue Carmen quien me mostró, en ese espacio de reconexión con mi cuerpo, que la sexualidad es mucho más amplia que la heterosexualidad. Que era importante encontrar el placer, el goce en relaciones más allá de la pareja o del sexo incluso. Ella fue mi maestra y es mi amiga, con la que aprendí a gozar, a sentir placer arrojadas en una cama grande, donde nos dábamos a la reflexión sobre el feminismo. Gracias a esta escuela de cuerpo consciente feminista, decidí explorar las relaciones lésbicas y entrar en el mundo de las rebeldías lesbianas, que celebramos hoy y desde el 2007, cuando lesbianas feministas que se dieron cita en Chile para el VII Encuentro Lésbico Feminista de Latinoamérica y Caribe 2007, toman este día- el 13 de octubre- para honrar nuestras desobediencias. El primer encuentro de lesbianas feministas se había llevado a cabo en 1987 en México. No es azaroso que hoy, en este encuentro, contemos con la presencia de compañeras de estos dos países, así como de Colombia y Ecuador. Nuestros territorios impulsan a nuestros cuerpos a la insurrección.

Quería partir con esta memoria, para contarles – en primera persona- que mi historia con el lesbianismo es una historia de re-apropiación de mi cuerpo y mi placer. Ha sido el lesbianismo una escuela de respeto, de amor, de augere, de continuum lesbiano, de amor a las mujeres, de amor a mí misma, y de buena vida. Para que sea una experiencia de buen vivir, creo que se requiere una relación de consciencia con el cuerpo y el placer, en primera persona. Tener tu propia experiencia de reapropiación corporal, para que puedas inspirar, motivar y dialogar con las mujeres a las cuales acompañas. 

Y ¿qué significa tener una relación consciente con el cuerpo, o la cuerpa?. De acuerdo a mi experiencia, no nos conectamos de un día para otro. El daño es profundo y por ello requiere dedicación. Una relación consciente, es aquella donde pongo-siento-converso e identifico en mi cuerpo, mi pensamiento, mis aprendizajes, inquietudes, rebeldías, malestares.  Una relación de consciencia con mi cuerpo -desde la terapia situada feminista- es aquella donde me pregunto por mi cuerpo. ¿Qué siento? ¿Dónde lo siento? ¿Qué estoy deseando? ¿Cómo me siento hoy? ¿Qué siento en esta relación?  Y esto en diálogo con el cuerpo de pensamiento feminista en el cual me ubico.

Luego está el cuerpo de la/s consultante, de la mujer a la que acompaño. ¿Qué sé del cuerpo de ella? ¿Cómo son sus heridas en el cuerpo?; ¿cómo estas se manifiestan?; preguntas que pueden ser centrales para entender su sufrimiento. 

Para trabajar desde y con el cuerpo de la consultante, necesitamos nosotras – como terapeutas – una relación de conciencia con nuestro cuerpo. Con esto no quiero decir que sea una experiencia de un cuerpo perfecto. Si no, una relación de diálogo, donde puedo encontrar respuestas, sentidos, significados, nudos y desafíos a trabajar en mi propio cuerpo. 

Es necesario también tener en cuenta que el cuerpo de quien consulta es un espacio al cual debo tener respeto profundo, una empatía que a veces requiere de paciencia, y también me parece necesario honrar el cuerpo de la consultante. Esto, puede que no siempre sea fácil cuando nos enfrentamos a cuerpos atravesados por la autoindulgencia, la falta de autocuidado, o la autodestrucción. Seguramente estas experiencias nos confrontan de manera particular. Y entender que se trata del cuerpo de la otra, requiere de una profunda ecuanimidad que nos puede otorgar serenidad para tocarla con nuestras palabras y gestos. 

También tenemos que entender que el cuerpo de la otra se muestra en toda su vulnerabilidad en el espacio terapéutico y que el poder que tenemos como terapeutas tiene que ser necesariamente usado para el proceso de liberación, sanación y reparación de ella. Por ello, sería fuera de nuestra ética – en el contexto terapéutico- pretender una relación de provecho personal en lo afectivo; de igualdad, horizontalidad o de amistad con ella. Al menos, mientras la relación terapéutica ocurre. 

Nuestro cuerpo de terapeutas está ahí para acompañar la fragilidad de la otra, que confía en nosotras, abre su más grande vulnerabilidad para que la escuchemos con empatía, para que confrontemos con dulzura y determinación, y para inspirar desde nuestros cuerpos. Una forma de inspirar a la otra, es trabajando en nuestros propios cuerpos para ser – por ejemplo- expresadas, ofreciendo referencias de movimientos, manifestaciones y actitudes fuera del orden patriarcal. También puede ser un cuerpo relajado, emocionado que puede facilitar una conexión espiritual con la consultante.

Entre el cuerpo propio y el de la consultante, se da una intersección. Compartimos experiencias, dolores y malestares que permiten que nos reflejemos mutuamente. Y esto hace que quien consulta confíe en la terapeuta que es una mujer como ella. Una mujer que también ha vivido la opresión patriarcal. Y que ha tenido o tiene un proceso de conciencia y sanación de sus heridas.

Ambas compartimos el hecho de estar o haber estado desconectadas del cuerpo. Las razones por las que nos desconectamos pueden ser muchas. Desde las más dolorosas como el maltrato en sus distintas formas, que hacen que para sobrevivir, nos desconectemos de eso que duele; hasta las más obvias como es la falta de educación sobre nuestro cuerpo. Obviar el dolor o el malestar, pueden ser estrategias de sobrevivencia en nuestra niñez. Pero a medida que vamos creciendo, si mantenemos una desconexión con el cuerpo, es muy probable que este se manifieste enfermándose, generando malestar, incomodidad, disociación o fragmentación. Hay enfermedades orgánicas, producto del tiempo. No hablo de estas, pues es lógico que el cuerpo se deteriora, se cansa, por razones naturales. Me refiero a las manifestaciones que hace el cuerpo en una especie de reclamo, de protesta, cuando ese silencio que tenemos sobre el cuerpo, ya no nos sirve para sobrevivir, pues cumplió su fecha de vencimiento. Es decir, el silencio se rinde, pues ha sido derrotado; seguramente gracias a una sabiduría ancestral y genealógica de nuestro cuerpo que nos lleva a actualizar la relación con una misma. 

Ahí comienza una relación de conocimiento con nuestro cuerpo que considerará el saber cosas como cuál es mi ritmo, mi fisiología y mi energía. Saber qué me produce placer. También es saber cuándo necesitas descansar, cómo se dice No con una expresión determinante, firme e indiscutible. Conectar con el cuerpo te permite percatarte del momento en que tienes que huir, escapar y protegerte de relaciones maltratantes. Conocer tu cuerpo es saber de tu goce, dándote cuenta si ríes o abres el pecho después en el amor. Reparar tu cuerpo te permite construir una postura corporal para vivenciar el triunfo y la seguridad. 

Pero no se trata sólo de sentir el cuerpo. Necesitamos conocerle o re-conocerle para confiar en nuestro cuerpo; lo que implica una responsabilidad que necesitamos asumir. Conocer y confiar, serán dos acciones que necesitamos promover en terapia. Dos movimientos o más bien múltiples movimientos del cuerpo. ¿Qué movimientos hace tu cuerpo cuando confía?. ¿Qué movimientos haces para conocer tu cuerpo? 

Y en tercer lugar, está el cuerpo político de pensamiento, con el cual hacemos la terapia; que nos dará los elementos e ideas para conocer nuestro cuerpo y por lo tanto confiar (creencia)

¿Con qué cuerpo de pensamiento trabajo? ¿Con qué feminismo dialogo? ¿Cómo este feminismo apoya la reapropiación de mi cuerpo? 

Enfrentamos un momento de crisis ideológica del feminismo, con teorías feministas que promueven la creencia de que para alcanzar el bienestar subjetivo y emocional, necesitas cirugías estéticas y cirugías de reasignación sexual; en una especie de reacomodo médico y hormonal del cuerpo. No estoy hablando de performance del género, ni menos de una crítica o enjuiciamiento a quienes consideran que encuentran una respuesta allí. Estoy hablando de ideas y políticas feministas que hacen alianzas con la medicina y la farmacéutica que venden hormonas de por vida. También es crítico el feminismo liberal con todas sus ideas de que nuestros cuerpos mujeres pueden ser o estar al servicio de la explotación sexual con fines comerciales, como es la promoción del reglamentarismo de la prostitución, la venta de óvulos y los vientres de alquiler que luego venden a las guaguas a hombres y mujeres ricos, la venta de mujeres y niñas, la trata. También las teorías de género que hoy se insegurizan y nos cuestionan cuando las mujeres nos nombramos mujeres, lesbianas o reconocemos que nuestros cuerpos tienen vulvas y úteros. Su misoginia y también su lesbofobia hacen que muchas veces nos nombren como cuerpos gestantes o cuerpos menstruantes; aun no escucho cuerpos menopáusicos o climatéricos. Hay una crisis de sentido en el feminismo que se vuelve contra las mujeres y que es misógino. Ese feminismo no es parte de la terapia situada feminista. Pero que tengamos diferencias con estos feminismos, no es para justificar discursos o prácticas de odio, de cancelación, que también los hay. Se trata de otro lugar. De un lugar donde observemos esta diferencia, y trabajemos para que las mujeres podamos continuar haciendo nuestro trabajo como decía Audre Lorde. ¿Cuál es mi/nuestro trabajo?

Para que volvamos a reapropiarnos de nuestros cuerpos y entre otras cosas, logremos liberar a nuestra niña oprimida producto del maltrato de hombres y mujeres que cercenaron nuestra inocencia, necesitamos un feminismo a favor de las mujeres y las niñas. Un/os feminismos que valoren nuestras resistencias de niñas, de púberes, de adolescentes y jóvenes que huimos de la violencia machista de nuestras familias de origen, que inventamos estrategias de supervivencia mental y emocional en medio del caos patriarcal. Unos feminismos que reconozcan que las mujeres existimos con un cuerpo que tiene una biología, hormonas, 1 o dos úteros, vulva, vagina, ovarios, senos, grasa, rollos; y que este cuerpo tiene una historia biográfica particular y general que compartimos en este patriarcado; una biografía de niña y adolescente mujer que nos hizo vulnerables, dulces, traviesas y estrategas para sobrevivir en medio de tanta opresión. 

Un cuerpo político de pensamiento que nos permita ponernos en primer lugar, a nuestros cuerpos. Lo que no significa que podamos pensar y empatizar con otros cuerpos oprimidos y trabajar en alianzas. 

Necesitamos un cuerpo de pensamiento feminista, crítico y espiritual; con el fin de encontrarnos tranquilas, satisfechas, alegres, gozosas, amadas, respetadas, reconocidas. No basta con sólo sentir el cuerpo, habitarlo. Necesitamos que este sentir-habitar entre en diálogo con nuestra conciencia feminista para diseñar nuestra vida y construir nuestros proyectos. De lo contrario, si sólo se trata de sentir, corremos el riesgo de que este sentir se acople a ideas dominantes, hegemónicas, masculinistas y neoliberales, disfrazadas de empoderamiento y liberalismo que se tomaron del feminismo para decir Mi cuerpo es mío, yo decido. ¿Pero qué decide el cuerpo? No se trata de simples decisiones en base al sentir, como si se tratase de un sentimentalismo feminista. Pues arriesgamos tomar decisiones desfavorables para nuestras vidas cuando lo hacemos sin la conciencia suficiente- en espacios, territorios y relaciones no seguras – dominadas por el clasismo, el racismo, el sexismo, el fascismo, los fundamentalismos y las creencias religiosas que muchas veces seguimos teniendo. 

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