Arteterapia feminista
En este tiempo una de mis mayores certezas es que para comprender la arteterapia no basta con leer o escuchar sobre ella, sino que es fundamental la VIVENCIA, conocer en primera persona y desde el propio cuerpo lo que ocurre cuando habitamos el arte. Ese arte que, a través de la materia, la música, la danza, el canto, la palabra escrita, etc. nos lleva a un conmovedor y sensible viaje hacia nosotras mismas, incluidas nuestras memorias, creencias, certezas, heridas, cuerpos, deseos y tanto más.
El arte siempre ha tenido y sigue teniendo un rol importantísimo en las culturas ancestrales y actuales, mucho de lo que sabemos es gracias a vestigios y pistas que nos ha dejado; arte ritual, arte de conexión con la vida y la muerte, arte como denuncia. El arte no ha estado ajeno a los contextos históricos y ha venido siendo un hilo conductor, ya sea para reafirmar y sostener al patriarcado, como también para develarlo, denunciarlo y crear fugas.
Cuando situamos el arte en la arteterapia feminista este hilo se transforma en un hilo sagrado de conexión con la vida, con el adentro y con el afuera, con el arriba y con el abajo. Un firme hilo que se entrelaza gracias a hebras y fibras de desobediencia, de rebeldía, de deseos de transformación, de creatividad; de memoria, de amor y ternura.
El arte y la creatividad siempre han estado ahí disponibles como recursos que nos han permitido sobrevivir; cuántas de acá siendo niñas o incluso adultas nos hemos refugiado y sostenido en alguna expresión artística; basta con tomar un poco de distancia, observar nuestra historia e identificar aquellas tecnologías de las que Mafe nos habla y describe en su texto del libro Desobedecer para sanar. Tecnologías que nos han permitido sobrevivir y llegar hasta acá.
Ahora hagamos un breve paralelo entre arterapia y terapia feminista
Ambas se sitúan desde una crítica al sistema patriarcal, críticas a como dice Rolando Toro, creador del sistema de biodanza en su libro la inteligencia afectiva, críticas a una civilización enferma, una civilización antivida con una catastrófica falta de afectividad.
La expresión artística al igual que la terapia feminista, vienen a devolver la autonomía de la consultante; ella es la creadora de su obra, ella es activa en su proceso de transformación, ocupando un lugar protagónico. Ambas proponen, invitan y facilitan hacernos justicia a través de la elaboración, construcción y recuperación de un relato propio. Ambas terapias se sostienen en la sobrevivencia, en el amor por la vida y en el deseo de un diseño existencial fuera de la lógica patriarcal. Ambas legitiman y dan un espacio de cuidado y respeto al sentir y a la reflexión.
Podríamos estar muchas horas reconociendo estas similitudes, pero lo importante es además, integrar que arte y terapia feminista son 2 desobendientes compañeras que vienen a dialogar y a encontrase a partir de un mismo sentido.
Para mi ese sentido ES absolutamente espiritual, la transformación es espiritual, vivir con presencia, recuperar el cuerpo, la raíz borrada y negada, hacer comunidad, pertenecer, estar integradas, salir de ese diálogo mental para poder conmoverte con un atardecer, sentir, emocionarse, amar, descubrir el propio tiempo, transformarnos juntas, salir del silencio, gozar/te, desear, disfrutar de ti.
La terapia tiene un sentido político-espiritual, nos invita a desplegar nuestros potenciales, saberes, a traer nuestras memorias y genealogías, a reconocer y problematizar el contexto, a recuperar/nos, a tener profundas conversaciones con otras, con nuestro entorno y con nosotras mismas;
Los procesos terapéuticos tienen su propio espacio-tiempo, sabemos que no es fácil desarmar tantas creencias, o ir a reconocer y enfrentar nuestras heridas y/o descubrir quienes somos en libertad y rebeldía. no es fácil recuperar memorias en una cultura negacionista, ni menos habitar la espiritualidad de la que fuimos despojadas desde la colonización. Los espacios-tiempos deben ser orgánicos, respetuosos. Sostener y acompañar requiere de toda nuestra disposición y deseo de estar, desarmar y transformar. Por lo mismo como terapeutas y consultantas podemos recurrir a consignas arte terapéuticas, que además de permitirnos desplegar nuestra tan necesaria y movilizadora creatividad; nos entregará y develará pistas y señales que muchas veces nos vemos, debido a los despistes patriarcales; a la rumia mental, a lo viva que sentimos la herida o a los desconectadas que estamos de nosotras mismas. Utilizar técnicas como la arteterapia nos permitirá abrir ventanas y puertas y nos permitirá contar con nuevos elementos en la terapia, con los cuales podremos dialogar, contemplar, observar, permitiendo integrar y elaborar con mayor distancia y perspectiva los distintos procesos que son parte de nuestra vida.
Por ejemplo conocer el propio tiempo a través de moldear con greda; o con acuarela y lápices representar desde la plástica nuestro miedos; dibujar nuestros pies y plasmar todo aquello que nos afirma y enraíza; desde las semillas ordenar dentro de un círculo todos nuestros pensamientos y así.. es invocar y traer esa creatividad usurpada que necesitamos desplegar en la terapia y en la vida.
Para mi, Memoria, Espiritualidad, Desobediencia, Creatividad, Rebeldía y Libertad son elementos fundamentales, son elementos comunes que dan sustento a la terapia feminista y la arteterapia; sostenidas además por una erótica que debemos abrazar, proteger y avivar. Cuando menciono la erótica me refiero a aquella descrita tan lucida y bellamente por la poeta negra y lesbiana Audre Lorde. cito
“El término erótico procede del vocablo griego eros, la personificación del amor en todos sus aspectos; nacido de caos, eros personifica el poder creativo y la armonía. Así pues, para mí lo erótico es una afirmación de la fuerza vital de las mujeres; de esa energía creativa y fortalecida, cuyo conocimiento y uso estamos reclamando ahora en nuestro lenguaje, nuestra historia, nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo y nuestras vidas (…) cuando vivimos fuera de nosotras mismas o, lo que es lo mismo, siguiendo directrices externas en lugar de atenernos a nuestro conocimiento y necesidades internos, cuando vivimos de espaldas a esa guía erótica que hay en nuestro interior, nuestras vidas quedan limitadas por factores externos y nos adaptamos a las imposiciones de una estructura que no sé basa en las necesidades humanas, y mucho menos en las individuales, (Lorde, 1978).
Quiero cerrar agradeciendo cada memoria y aprendizaje que vienen de todos los procesos que he acompañado desde las artes y el lenguaje simbólico, no dejo de maravillarme y conmoverme cada vez que tengo enfrente como diría Nise da Silveria, las imágenes del inconsciente, de quien se expresa y muestra genuinamente en contextos arte-terapéuticos-feministas.
Cierro también preguntándoles y preguntándome qué tan seguidos viajamos las terapeutas feministas hacia nosotras mismas? ¿Cómo nos movilizamos hacia la integración? ¿Habitamos las terapeutas feministas esa erótica en nuestras vidas diarias y en el ejercicio de acompañar.